29 nov. 2011

En los ultimos dias (capitulo 3)

Luego de caminar unos pasos por el lugar, veia como se mostraba el lugar, en su mayoria habia mujeres y niños, los hombres habian sido masacrados primero, era algo extraño dado que los infectados no sufrian tales tipos de comportamientos, veia la desnutricion de la gente del lugar, parecia mas un campamento de refugiados que un pueblo, techos de chapa, caminos de tierra, que se mezclaba con los restos de las cloacas, que se fusionaban tanto que no se sabia que era que, era una escena sacada de una pelicula de terror, trate de pasar lo mas desapercibido posible para que la gente no pensara que era un forastero perdido, y mas en la forma en la que fui encontrado.
Cuando llegue al hotel de Doña Dominga, bueno poco distaba de ser un hotel 5 estrellas, era nada menos que una simple casa de material (la unica que habia visto en mucho tiempo), con un simple (pero modesto) techo de adobe y barro, sumado a lo que parecian ser pequeñas cabañas al costado de esta casita de material.
Yo comenze a caminar y entre a este peculiar edificio, cuando entre se veian que habian unos cuadros con unos simples dos sillones que rodeaban a una pequeña hoguera con un fuego ya extinto hacia tiempo, y al lado de esto estaba una mesa con una señora que parecia estar dibujando. Yo me acerco a ella y le pregunto "¿Usted debe ser Doña Dominga?", a lo que me contesta "Si, ¿que quiere usted?", le digo que queria una habitacion, para poder pasar la noche en primera medida, y de paso si necesitaba a alguien para que pudiese ayudar en su hotel, dado a que no sabia como pagarselo. Ella me replico que aunque tenia habitaciones, no necesitaba la ayuda de nadie, dado que era lo suficientemente joven todavia para poder hacer las cosas por si sola, asi que me dijo simplemente una frase "no hay plata, no hay habitacion", tras lo cual me fui y me cerro la puerta en la cara.
Entonces comenze a pensar sentado en el umbral de lo de Doña Dominga, donde voy a sacar el dinero para por lo menos vivir dignamente, el sol ya habia caido sobre ese pequeño pueblito, tenia hambre, y sed de vuelta, no sabia donde iria a dormir, hacia tiempo que no me duchaba, era simplemente el fin morir de frio o hambre, o inclusive a manos de los infectados en las llanuras de Nueva Esperanza.
Y como si tratara hubiese caido del cielo, la ayuda llego, vi pasar sobre la lejania un grupo de personas a caballo, completamente vestidas de blanco, portando todo tipo de armas, desde espadas, hasta pistolas, fusibles, escudos y espadones y demas; para mis adentros pensaban, que demonios hacian todo estos hombres con estas cosas, de donde procedian, ¿de un campo medieval?. Habre contado unos 20 o 30 de estos extraños personajes, que de repente al divisarme frenaron en seco, dieron la vuelta y comenzaron a acercarse rapidamente a mi, yo simplemente no entendia nada, tenia miedo de lo que podian llegar a hacerme estos seres enormes y casi monstruosos, hasta que de repente frenaron.
Cuando los logre ver a todos mis ojos no creian lo que veian, y mas con la puesta de sol de fondo, eran lo que en antaño habrian sido paladines, o eso creia yo, despues de haberlo visto en una clase de historia dias antes de la primera infeccion, eran hombres altos, vistiendo capas blancas que les llegaba al piso, estos tenian una armadura que los protegia en el pecho y se extendia a algunas partes de las piernas, poseian lo que parecian ser cascos a los que se asemejaban a los hoplitas y griegos de la antiguedad, salvo que poseian alas a los costados y no el tipico penacho en el medio todos en las puntas de dichas capas tenian como un borde dorado y unos adornos en bronce que las sostenian a esas hermosas capas blancas, con una cruz roja en centro.
El lider de este grupo de 20 o 30 hombres bajo de su caballo, completamente tapiado de armadura de pies a cabeza y con un cuerno en la cabeza del animal, se saco su casco y pregunto: "¿ sos vos el forastero que fue encontrado por el medico Lopez en las llanuras de la muerte?".
Yo ante tal pregunta del miedo nada mas asenti con la cabeza, el jefe de ellos me sacaba practicamente un metro de altura, era rubio, estaba rasurado y tenia un largo y ondulado pelo marron, su cara no tenia ningun tipo de expresividad, pero lo que recuerdo de esta es una cosa, su gran cicatriz, que le iba de la frente hasta un lado de la cara, una cicatriz extraña pero terrorifica a la vez. el me contesto una sola cosa, "Debes venir con nosotros", tras lo cual hizo un ademan a uno de los suyos y me permitio su caballo, yo subi a uno de estos corceles, y me fui con ellos.

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